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¡Bienvenido al mundo!

Esbozo de un cochecito
Photo on Foter.com


No quería entrar allí, me daba miedo el hecho de estar a oscuras, no comprender lo que había a mi alrededor. Al final del túnel había una pequeña luz, hacia ese punto mi mirada se dirigió.

—Adelante, no tengas miedo. Estás a nada de conseguirlo —voces y más voces se acumulaban en mi cabeza. Los podía divisar, eran personas conocidas para mi subconsciente. Debí cruzármelos alguna vez. Vagamente los empiezo a recordar, pero no forman parte de mi punto de mira. Doy un paso hacia adelante. No pasa nada, parece estar todo bajo control. Me confío y doy otro más. ¿Qué me está pasando? Una leve fuerza me empuja más allá de mi voluntad a continuar hasta la extenuación. Nada parece indicar que vaya a volver a ser como antes.

Dos, tres, cuatro pasos doy y más me acerco a esa luz que me atrae y confunde. ¿Es posible volver atrás? La humedad se siente y no parece que esto vaya a acabar bien. De golpe, oigo un repicar en mi corazón, alguien tira de mí con todas sus fuerzas. Empiezo a recobrar la conciencia, pero ¿dónde estoy?

Lejos, muy lejos

Una niña juega con una cometa en la oscuridad a la luz de la luna cerca de un río.
Photo by gusdiaz on Foter.com / CC BY-NC-SA


La niña agarraba la borla bajo la atenta mirada de su padre.

—¡Ahora! —con prisa se apresuraba a indicarle el momento en que debía lanzarla al vuelo, pero la cometa no conseguía despegar.

—¡Ahora! —volvió a repetir unas cuatro veces más. Todo parecía ser en balde así que tendrían que dejarlo para otro día.

Observaba con atención los movimientos de su hija cuando de pronto la cometa se convirtió en un astro fugaz que se le había escapado de las manos. Había cobrado vida y ahora subía y bajaba el extenso cielo azul hasta perderla de vista. El escenario oscureció y el objeto cobró luz poco a poco hasta alejarse en el infinito.