Teléfono roto



Llamo siguiendo las instrucciones de mi maestro, nadie contesta, parece que no hay nadie al otro lado. Lo vuelvo a intentar y aparece una voz cálida, dispuesta a resolver mis dudas. Me emociono y mis palabras suenan precipitadas. Es necesario que entienda mi mensaje: <<¿De dónde vengo? ¿Quién soy?>>. De pronto oigo respirar a mi interlocutora, parece que ese trozo de hilo que nos une va más allá de lo telefónico.